Promover

Poner fin a las violencias implica promover otras formas de vida más dignas, solidarias, justas, equitativas, respetuosas, afectivas y afectantes.

Construyamos una cultura protectora de los derechos humanos, con quienes articulamos diariamente por la niñez y la adolescencia.

Dándole forma con diversas formas, donde cada pieza sea diferente y necesaria a la vez.

Busquemos ir más allá de exigir y velar, para poder ser parte de un profundo y verdadero cambio cultural que ponga en el centro a niñas, niños y adolescentes.

Indaguemos críticamente en la cultura adultocéntrica, para reconocer las acciones en las que se manifiesta, y propiciemos la circulación de otros sentidos en los que las infancias y adolescencias también participen.

Que toda transformación se dé desde dentro hacia afuera, como posibilitante de aquello que anhelamos.

Promover derechos es siempre a largo plazo. Es más que prevenir, pero también previene. Es lo urgente y necesario. Es lo que va al fondo para que las cosas cambien. Es lo más valorado y puesto en agenda por todos los organismos y referentes en la materia. Sin embargo, es lo menos priorizado en los presupuestos y planificaciones.

Quizás sea el rol más enunciado en materia de derechos de niñez y adolescencia, pero menos llevado a la práctica. Requiere de estrategias, de cooperación, de articulaciones, de creatividad. Y sobre todo, de hacer con otras y otros; y eso inexorablemente incluye a niñas, niños y adolescentes.

Ninguna defensoría por sí sola podrá iniciar y sostener procesos de promoción de derechos. En este punto, es fundamental sentarse en la mesa y reunir piezas clave, actores, socios, en la misión compartida. De ese modo, con más fuerza y de manera más radicular, es posible proponer objetivos de transformación cultural en clave de derechos.

Material complementario