Introducción
En la Defensoría de Niñas, Niños y Adolescentes de la provincia de Santa Fe elaboramos este material al cumplirse el cierre del segundo mandato de Analía Colombo, primera Defensora al frente de la institución. Cuando comenzamos a pensarlo, y durante todo su proceso de escritura, no dejamos de preguntarnos por el sentido de esta publicación. ¿Por qué y para qué habríamos de poner en común nuestra forma de hacer? ¿Sería de utilidad para quien lo leyera? Mientras tanto, comenzamos a recibir diversas invitaciones para compartir nuestro recorrido. Una vez más, junto a UNICEF Argentina, nos sumergimos con mayor profundidad en este proyecto. Porque lo que cierra solo es la primera gestión a cargo, de un organismo público de derechos humanos de niñez y adolescencia, que permanece consolidado y con las puertas abiertas.
Como en una trama temporal, en este tiempo de enunciación se expresan diez años de la primera defensoría específica en el país que buscan hacer síntesis de esta -una entre tantas posibles- experiencia, con el tiempo histórico marcado por la pandemia de COVID-19. Siendo este último un tiempo de crisis que profundizó las desigualdades y brechas en el acceso a derechos, que dejó a más de la mitad de las infancias y adolescencias en la pobreza, que ha puesto en riesgo la continuidad escolar (y todas las vulneraciones asociadas a ello), que ha agudizado las violencias en el ámbito familiar, y que ha puesto de manifiesto que lo que hace a la salud mental e integral de niñas, niños y adolescentes es el cumplimiento del conjunto de sus derechos, su interés superior y su construcción de autonomía.
A más de 30 años de la sanción de la Convención sobre los Derechos del Niño, todavía visibilizar y priorizar la agenda de niñez y adolescencia en las decisiones y políticas públicas que las involucran, es un desafío en continua construcción. Desde las prácticas e imaginarios adultocéntricos, hasta las asignaciones presupuestarias y la inversión social, el protagonismo de las infancias y adolescencias permanece siendo emergente o estando ausente. La adecuación a la Ley Nacional de Protección Integral 26.061 y todo el marco normativo específico sigue siendo desigual en los territorios, y sólo cinco provincias cuentan -al momento- con defensorías específicas.
Volvimos sobre nuestros primeros pasos, a noviembre de 2012, cuando presentamos la defensoría junto a Jean Zemartten -por entonces presidente del Comité de los Derechos del Niño- y dijimos “queremos trabajar para que no hagan falta más defensorías”; como una paradoja de origen, anhelando a que llegue el tiempo en que no haya más vulneraciones de derechos a niñas, niños y adolescentes, lo que motiva la exigencia de que existan organismos especializados. O, tal vez, que llegue el tiempo en que las instituciones podamos abocarnos fuertemente al trabajo de promoción de derechos, a por y para las transformaciones simbólicas y culturales a largo plazo, porque ya no habría urgencias para la protección. Es una utopía, un sueño despierto y comprometido, hacia la cual caminamos quienes trabajamos por y para las infancias y adolescencias.
Reconocemos, desde nuestros comienzos, la fuerza del trabajo en red. Y una de esas tramas que potencian el propósito de las Ombudsperson es la articulación entre defensorías e instituciones específicas, a nivel nacional e internacional. En esa construcción de intercambio y apoyo mutuo se sitúa este material, para que pueda circular, crecer, modificarse, mejorarse, y seguir siendo una propuesta dinámica, muy lejos de querer ser una fórmula cerrada, estática, única.
Así fue como arribamos a la metáfora que da forma y sostiene a estas palabras, porque si hablamos de dar forma a nuevas y más defensorías, la forma y el contenido ya no pueden ser considerados por separado. Y el Tangram, del cual se cuenta que su origen viene de la gráfica y la escritura, nos abrió la puerta a un montón de posibilidades para lo que queríamos narrar. Es un juego, derecho vital que no debemos olvidar de defender. Une a las ciencias con las artes, y esto nos invita a considerar las múltiples disciplinas y lenguajes en el hacer de un organismo de niñez y adolescencia. Desafía la creatividad, el pensamiento y la percepción; y así aprendemos que hay muchas maneras de construir conocimiento. Permite crear y construir nuevas figuras a partir de formas dadas, como lo son los derechos, los marcos normativos e institucionales. Para crear nuevas figuras las piezas deben tocarse, pero no superponerse, y eso nos remite a la integralidad y la transversalidad que hacen al enfoque de derechos. Su historia habla de mesas compartidas, como suelen ser las salas de reuniones de las Defensorías, en su gran rol de articulación y terceridad. Cuenta la leyenda sobre su origen, que nace a partir de caerse un mosaico de cerámica y romperse en mil pedazos, y su artista al intentar reconstruirlo descubre múltiples obras de arte más diversas y diferentes a la original. Esto nos lleva a considerar lo enriquecedor que puede ser desmenuzar lo realizado, volver a observar sus partes desde otras miradas, en otros contextos y lugares, y que a partir de ello emerjan más y nuevas instituciones especializadas en niñez y adolescencia; porque el todo es mucho más que la suma de las partes. Este juego milenario, que fue pasando de generación en generación, nos habla de diversidad, versatilidad, flexibilidad, adaptabilidad; cualidades que contribuyen para poder pasar de la letra escrita de las leyes universales a las realidades, contextos y culturas locales.
Por último, también pensamos que el Tangram nos muestra paradojas, que son mucho más que figuras literarias, son construcciones conceptuales que se inscriben en el paradigma de la complejidad. Como nos enseña Inés Najmanovich en las paradojas la forma y el contenido “se sacan chispas mutuamente: no puede eludirse su interconexión”. Ellas señalan el límite de la lógica clásica y del modelo representacionalista. Son “compuertas evolutivas”, porque en el espacio que fueron formuladas no tienen solución. Por consiguiente, su propuesta para una estética de los enfoques de la complejidad consiste en desarrollar perspectivas no dualistas y poner las paradojas en movimiento. La complejidad, con la que trabajamos desde el paradigma de la protección integral, lleva implícita la posibilidad de una multiplicidad de modulaciones temporales. No hay un a priori ni un modelo ideal; sino configuraciones vinculares.
Rizomas, constelaciones, co-formaciones, redes fluidas, en un movimiento de constitución que no cesa. Ser, estar y hacer cartografía viva e implicada. En esas múltiples direcciones y sentidos, va esta propuesta.